​Mordida abierta: qué dice la evidencia científica sobre su impacto en el habla y la masticación


La mordida abierta no es solo una cuestión estética. La literatura científica (PubMed/MEDLINE, Scopus, Web of Science) lleva décadas documentando su efecto real sobre dos funciones esenciales: hablar y masticar. Repasamos qué muestra la evidencia y por qué el diagnóstico y tratamiento a tiempo importan.

Impacto en el habla

La mordida abierta anterior (AOB) es, según varias revisiones, la maloclusión más asociada a trastornos de articulación del habla. Una revisión sistemática que cruzó estudios de PubMed, ScienceDirect, SpringerLink y Google Scholar encontró que los pacientes con AOB presentan de forma consistente más alteraciones de articulación que la población general, con los fonemas /s/, /z/, /d/, /l/ y /t/ como los más afectados, ya que la excesiva propulsión de la lengua hacia delante al articular fonemas altera la pronunciación en pacientes con mordidas abiertas.

Un estudio publicado en Journal of Oral and Maxillofacial Surgery (vía PubMed) sobre corrección quirúrgica de mordida abierta esquelética confirma que esta maloclusión afecta a los parámetros de articulación, la masticación, la mordida y la calidad de la voz. Un dato relevante de ese mismo estudio: aunque la cirugía normalizó los parámetros esqueléticos faciales, no se observaron cambios estadísticamente significativos en articulación y calidad de voz, lo que sugiere que un trastorno del habla ya instaurado no mejora solo con corregir el hueso —necesita, además, intervención logopédica específica.

La magnitud del problema queda reflejada en cifras concretas: en pacientes con deformidades dentofaciales, los trastornos de articulación aparecen en el 80-90% de los casos, frente a apenas un 5% en la población general, una diferencia que los autores describen como una diferencia de hasta 20 veces, lo suficientemente amplia como para sugerir una relación causal entre ambos.

Un estudio caso-control en niños de 8 a 16 años (PubMed) evaluó específicamente la relación entre posición de la lengua, deglución y fonación, confirmando la asociación entre AOB y alteraciones tanto en la fonación como en el patrón de deglución.

Impacto en la masticación

En cuanto a la función masticatoria, varios estudios electromiográficos muestran que los pacientes con mordida abierta anterior generan una fuerza máxima de mordida menor y presentan menor actividad electromiográfica de los músculos masticatorios. El mismo estudio, con 52 pacientes jóvenes con AOB frente a 21 controles, describe que estos pacientes muestran un patrón masticatorio más estrecho y ciclos de masticación más cortos, con menor activación muscular respecto al grupo control.

Un estudio más reciente (2024, Dentistry Journal) que analizó el flujo sanguíneo cerebral durante la masticación en pacientes con mordida abierta esquelética encontró que estos pacientes tienen menos contactos oclusales, y menor velocidad máxima de cierre y apertura mandibular que los controles con oclusión normal, y que el aumento de flujo sanguíneo cerebral asociado a la masticación es menor en este grupo —un hallazgo que conecta, por primera vez, la eficacia masticatoria con posibles efectos a nivel neurofisiológico.

Estudios previos en pacientes operados de mordida abierta esquelética ya habían documentado que, antes de la cirugía, estos pacientes presentan fuerzas oclusales menores que los controles en todas las posiciones de mordida, y que aunque la cirugía mejora esas fuerzas, no llegan a igualar el nivel de los controles.

¿Por qué importa esto en la práctica clínica?

Estos hallazgos respaldan algo que vemos a diario en consulta:

1. El diagnóstico diferencial es clave. No es lo mismo un componente funcional/muscular activo que un origen puramente esquelético o dental: el enfoque terapéutico cambia.

2. Corregir el hueso o los dientes no siempre “arregla” el habla por sí solo. Como muestra el estudio quirúrgico citado, un trastorno de articulación instaurado puede requerir terapia miofuncional/logopédica en paralelo al tratamiento ortodóncico.

3. La eficiencia masticatoria se ve realmente comprometida, no es una percepción subjetiva: hay menos contactos oclusales, menor fuerza de mordida y patrones de masticación alterados, medibles con electromiografía y cinesiografía.

Conclusión

La evidencia de PubMed/MEDLINE respalda que la mordida abierta —ya sea por hábitos, esquelética o dental— tiene consecuencias funcionales reales y medibles, más allá de lo estético. Esto refuerza la importancia de un diagnóstico temprano y de un plan de tratamiento que, cuando sea necesario, combine ortodoncia (incluida la Ortodoncia Invisible) con terapia miofuncional o abordaje interdisciplinar, especialmente en niños donde el hábito aún puede modificarse.


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